lunes, 8 de marzo de 2010





Señor:
escucha mi causa justa,atiende a mi clamor,presta oído a mi oración,pues no sale de labios mentirosos.

¡Que venga de ti mi sentencia,pues tú sabes lo que es justo!
Tú has penetrado mis pensamientos,de noche has venido a vigilarme,me has sometido a pruebas de fuegoy no has encontrado maldad en mí.No he dicho cosas indebidas
como hacen los demás;me he alejado de caminos de violencia,de acuerdo con tus mandatos.

Dame una clara muestra de tu amor,tú, que salvas de sus enemigosa los que buscan protección en tu poder.

Cuídame como a la niña de tus ojos;protégeme bajo la sombra de tus alas
de los malvados que me atacan,¡de los enemigos mortales que me rodean!

Son engreídos, hablan con altanería;
han seguido de cerca mis pasosesperando el momento de echarme por tierra.

Parecen leones, feroces leones que, agazapados en su escondite,esperan ansiosos a dar el zarpazo.

Levántate, Señor, ¡enfréntate con ellos!¡Hazles doblar las rodillas!Con tu espada, ponme a salvo del malvado

con tu poder, Señor, líbrame de ellos;¡arrójalos de este mundo,que es su herencia en esta vida!Deja que se llenen de riquezas,que sus hijos coman hasta reventary que aún sobre para sus nietos.

Pero yo, en verdad, quedaré satisfechocon mirarte cara a cara,¡con verme ante ti cuando despierte!

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